
No
ser propietario de una vivienda, ni haberlo sido
nunca antes con la ayuda de algún subsidio
estatal.

Demostrar
la existencia de ingresos estables, ya sea que
éstos provengan de un contrato como trabajador
dependiente, de las boletas de honorarios por
prestación de servicios, o bien por el
ejercicio de actividades empresariales.

Buenos
informes comerciales.

Nivel
de deuda razonable en el sistema financiero.